domingo, 3 de julio de 2011

El conejito de la suerte

Ayer, obligado por las circustancias, incumplí dos promesas que me había hecho a mi mismo.
No volver a ver una película en 3D, y no ir a ver Transformers. El lado oscuro de la luna.

Los motivos por los cuales me hice tales promesas son, porque las tres dimensiones no me aportan nada, es más, a mi modo de ver, desvirtuan totalmente el visionado de las películas.
En cuanto a no querer ver el nuevo espectáculo de Michael Bay, era porque la segunda entrega de los robots extraterrestres era tan sumamente mala, que creía que la formula estaba totalmente agotada.

Y tenía toda la razón.
La película es una auténtica basura.
Un guión inexistente, que copia descaradamente un sinfín de títulos, de los que no voy a nombrar ninguno ya que la lista seria interminable, y a cualquiera que la haya visto le habran venido a la cabeza.

El espectáculo visual que nos ofrece esta vez el director de La Roca, es más de lo mismo, no ofreciendo nada nuevo.
Y lo peor de todo es que necesita dos horas y media para contarnos una historia mínima, en la que a medida que avanza el metraje, el tedio se va apoderándose de uno, y no ve el momento de que acabe semejante despropósito.
De los actores, mejor nos olvidamos, ya que resulta increíble que intérpretes de la talla de John Turturro (presente en la trilogía), John Malkovich y Francis McDormand desperdicien su talento de esta manera.
Por no hablar de la chica florero que nos han colado esta vez como novia del protagonista, claro ejemplo de que cuerpo escultural y cara bonita no son suficientes para ser actriz, y que hace bueno el dicho ese de que todas las rubias son tontas.

No quiero olvidarme del hoy en día abuso que hay del 3D, ya que bien sea añadido en postproducción, o como en este caso rodado con cámaras especiales, es una auténtica mierda.
No me extraña que en Estados Unidos los espectadores le hayan dado la espalda al formato que el señor James Cameron nos quiere vender a toda costa como el gran salvador del cine en las salas.

Y pensar que la primera entrega era una más que digna película, con su toque a lo film de los 80, que el productor, Steven Spielberg había obligado dar al msmo.
Se ve que en las dos siguientes, su nombre esta en los créditos más que nada por el prestigio que da.