lunes, 15 de agosto de 2011

Camino Soria


Gabinete Caligari inrrumpió en la escena músical en los primeros ochenta, en pleno auge de la movida madrileña, provocando al personal con su estética nazi.

En 1983, entrarón en la lista de éxitos con el disco Que Dios Reparta Suerte, con un sonido que los medios denominaron como Rock Torero.

Dos años más tarde, con Cuatro Rosas, un mítico disco con solo seis canciones, llegarían al número uno en ventas.

Al año siguiente, con el irregular aunque vibrante Al Calor del Amor en un Bar, afianzarían su meteorico ascenso dentro del rock hispano.

Pero fué en 1987, cuando editarian su mejor albúm, Camino Soria, que incluirian nueve pequeñas joyas, que casi 25 años después siguen conservando la magia de antaño.

Pecados más dulces que un zapato de raso, Suite Nupcial, o Tocala Uli, con la que rendían homenaje al entrañable saxofinistas que les acompañaba en sus discos y conciertos, Ulises Montero, fallecido en 1986, son algunas de sus mejores compòsiciones.
No hay que olvidarse de La sangre de tu tristeza, que fué primer single de tan celebrado disco, La fuerza de la costumbre, y por supuesto la que da título al albúm, todo un himno de más de siete minutos, con el que cerraban el mismo.

El trío formado por Jaime Urrutia, guitarra y cantante; Edi Clavo, batería,;y Edi Presas, bajo; dejarón bien claro desde un principio lo que pretendían con este disco.
Solo hay que ver la portada para percatarse de sus intenciones.

El impresionante éxito de este disco les dejó marcado de por vida, y aunque el posterior Privado, editado en 1989, llegaría a vender más y a acumular más fans, sobre todo por la canción La culpa fué del cha-cha-cha, no llegaría a ser tan redondo.

Después del auge, llegaría la caída.
Llegarón a editar tres discos más, Cien Mil Vueltas, Gabinetíssimo y Subid La Música, pero ninguno suspuso el éxito comercial y el reconocimiento de ninguno de los anteriores.
Aunque en algún que otro tema de estos fallidos álbumes aún conservaban el talento de antaño, la mediocridad imperaba en su conjunto.
Por desgracia, los Gabinete fuerón engullidos por su propio éxito, por lo que con el fin del milenio, darían por cerrada una brillante, aunque efímera carrera.

Pero como decía Humprey Bogart a Ingrid Bergman en la mítica Casablanca, siempre nos quedará Soria.
¿O era París?